¿Y por qué diablos estamos juntos?

 

 

  • Un adelanto de un Festival que dará de qué hablar y qué pensar.

 

Sin Fronteras es un espacio de encuentro para los que compartimos este Valle de Aburrá como territorio común. Es un festival de 24 películas producidas en 25 países, que en conjunto plantean preguntas como: ¿y por qué diablos estamos juntos? ¿A quién invitaría a mi casa? ¿Quién está a mi lado? Se trata pues, de una invitación a seis salas -Las Américas, Colombo Americano, Mayorca, Museo de Arte Moderno, Puerta del Norte y Teatro de Envigado- para desde allí estar en contacto con producciones importantes de los últimos años.

 

Sin Fronteras es el evento cinematográfico del Encuentro Internacional Medellín 2007, prácticas artísticas contemporáneas, que permitirá ver cómo el séptimo arte ha abordado desde distintos puntos de vista asuntos tan vigentes como la hospitalidad con los vecinos, los visitantes, los distintos, los de siempre, los que se quedan y con la naturaleza misma.

 

La reiteración de las reflexiones y creaciones sobre la hospitalidad en el cine contemporáneo confirma la pertinencia de este tema y hace del Festival Internacional de Cine Sin Fronteras una oportunidad para ver obras importantes y de reconocidos directores que con ternura, mordacidad, pesimismo, burla o sutileza han señalado esa pérdida de humanismo, falta de fe y desencanto que subyace en las relaciones propias del mundo actual.

 

En este sentido aparece el tema de la responsabilidad directa o indirecta que cada uno tiene de lo que ocurre en la sociedad en Oro Carmesí, de Jafar Panahi, con guión de Abbas Kiarostami (Premio Una Cierta Mirada y Premio del Jurado en el Festival de Cine de Cannes, 2003), y la culpa que genera esta responsabilidad cuando no es asumida, en Caché, de Michael Haneke (Premio a Mejor Director, Premio Fipresci, Premio del Jurado Ecuménico y nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes, 2005). Mientras en Tierra de abundancia, de Wim Wenders (Premio Unesco y nominada al León de Oro del Festival de Venecia, 2004) los protagonistas norteamericanos exploran en sus comportamientos y en la historia de su país, las razones que internamente propiciaron el drama vivido a partir de los ataques del 11-S.

 

La pérdida de la dignidad es el tema de varias historias. La película rumana La muerte del señor Lazarescu (Premio Una Cierta Mirada en el Festival de Cine de Cannes, 2005), lo plantea como una consecuencia inexorable de los tecnicismos neoliberales de los actuales sistemas de atención en salud.

 

Estupor y temblores (Premio César de Francia a la Mejor Actriz y nominada a los Premios César en las categorías Mejor Guión y Mejor Adaptación Literaria, 2004), lo aborda desde la competencia desmedida en el mundo laboral. Manderlay, de Lars von Trier, lo representa desde la aceptación de la esclavitud como camino ante la falta de hospitalidad y desconocimiento del ejercicio de la democracia. La película india, Agua (nominada este año al Oscar a Mejor Película Extranjera), y la francesa, Viva Algeria, lo exploran desde la exclusión y el señalamiento social característicos de los fundamentalismos religiosos.

 

Frente a este panorama de hostilidad aparecen historias como Cama adentro (con Norma Aleandro y Premio Especial del Jurado del Festival de Sundance, 2005) y Buena Vida Delivery (Premios Mejor Película y Mejor Guión en el Festival de Cine de Mar del Plata, 2005) en las cuales la solidaridad de las personas menos esperadas aparece como única opción para sobrellevar las crisis.

 

O cuando esta solidaridad se manifiesta de manera incondicional entre aquellos desconocidos que tienen en común el hecho de compartir la pasión por los mismos ídolos deportivos como en El camino de san Diego, de Carlos Sorín, el mismo director de Historias mínimas (Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de San Sebastián, 2006) o en El año en que mis padres salieron de vacaciones (nominada al Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín de este año).

 

El desarraigo, visto como la pérdida de los vínculos culturales, políticos y familiares con el lugar de origen es representado de distintas maneras por el cine reciente. En este mundo (Oso de Oro a Mejor Película, Premio de la Paz y Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Berlín, 2003), el director Michael Winterbottom se pregunta "¿Quiénes son esos inmigrantes y qué les lleva a cruzar medio mundo, dejando atrás sus países y sus familias e incluso poniendo en riesgo sus vidas?". La coproducción de Francia, Alemania y Argelia, Pequeño Senegal (Premio Fipresci del Festival Internacional de Cine de Valladolid, 2001), lo hace evidente al retratar las difíciles relaciones entre los afroamericanos y los inmigrantes africanos en Estados Unidos.

 

La mexicana Noticias lejanas (Premio Mejor Película en el Festival de Cine de Mar de Plata, 2006) lo plantea como necesidad para huir de los círculos de la marginación, y Al otro lado, también mexicana, lo aborda desde la mirada de tres niños de países distintos que comparten el vacío que les han dejado sus padres en el momento de emigrar.

 

La alemana Kebab Connection, por su parte, da cuenta de la lucha por no perder la identidad en una tierra extranjera. Mientras El sabor de la vida, la película griega más exitosa en la historia de este país, plantea la necesidad del reencuentro con la tradición a través de la comida como una manera de darle sentido a la vida. De otra manera la peruana Días de Santiago (nominada a Espiga de Oro del Festival Internacional de cine de Valladolid, 2004) manifiesta el desarraigo como una secuela de la guerra.

 

La búsqueda desesperada del afecto podría ser el rasgo más inquietante de nuestro tiempo. Tu, yo y todos los demás (Gran Premio de la Semana de la Crítica, Premio Cámara de Oro, Premio de la Crítica Joven y Premio Prix Regards Jeune en el Festival de Cine de Cannes, 2005) da cuenta de esa lucha por conectarse con alguien en un mundo cada vez más solitario. Mientras Hacia el sur, del mismo director de Recursos Humanos, Laurent Cantet (Premio Marcello Mastroianni al mejor actor revelación y Premio del Cine por la Paz en el Festival de Venecia, 2005) conmueve con una disección de la soledad de aquellas mujeres independientes y autosuficientes que pagan para obtener cariño.

 

Desde una perspectiva geopolítica, Invisibles, producida por Javier Bardem (seleccionada en el último Festival de Berlín) presenta cinco historias sobre cinco crisis olvidadas en el mundo -una de ellas sobre el desplazamiento en Colombia- dirigidas por Win Wenders, Isabel Coixet, Mariano Barroso, Fernando León de Aranoa y Javier Corchera. Desde las relaciones de hospitalidad con la naturaleza, Sin Fronteras presenta El último cazador, el retrato de una familia en las montañas Rocky, al norte de Canadá que desarrolla su vida en armonía con su medio natural

 

Suplemento Generación, Periódico El Colombiano, Medellín, 3 de junio de 2007, página 8 y 9

 

 

Esta entrada fue publicada en Arte y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.